Las fuerzas de seguridad y los
guerrilleros Colombianos cometen cada vez más abusos contra
civiles en la antigua zona desmilitarizada, según Amnistía
Internacional
(Washington, DC) - A pesar de las promesas gubernamentales de que
no serían castigados después del fracaso de las conversaciones
de paz, los habitantes de San Vicente del Caguán y otras
ciudades de la antigua zona desmilitarizada de Colombia están
sufriendo un aumento de la violencia y los abusos contra los derechos
humanos, según afirma Amnistía Internacional en un
informe publicado en el día de la fecha. Las Fuerzas Armadas
Revolucionarias de Colombia (FARC), las fuerzas de seguridad colombianas
y los grupos paramilitares son los responsables de este resurgimiento,
dice el informe.
Amnistía Internacional ha recibido varias denuncias de
violaciones de los derechos humanos, presentadas por civiles y
funcionarios gubernamentales que viven en el área. Entre
ellas se incluyen intimidación, arrestos arbitrarios, tortura
y maltrato por parte de las fuerzas de seguridad, amenazas reiteradas
y violencia contra personas acusadas de cooperar con la guerrilla
o las fuerzas armadas, y la muerte de civiles, amenazas contra
funcionarios locales y el reclutamiento forzado por parte de las
FARC.
"En efecto, los habitantes de la antigua zona desmilitarizada
están atrapados en tierra de nadie: un lugar donde las
autoridades estatales han renunciado a sus responsabilidades de
defender a los ciudadanos", acusó el Dr. William F.
Schulz, Director Ejecutivo de Amnistía Internacional de
EE.UU. (AIUSA). "En este entorno, todos los combatientes
cometen actos de venganza contra la población civil que,
según ellos creen, colabora con el enemigo. Las personas
inocentes han sido abandonadas, dejadas en un estado de indefensión
ante los abusos y ataques. Esta es una situación totalmente
inaceptable".
Durante los últimos meses de existencia de la zona desmilitarizada,
se tuvo información sobre muy pocos asesinatos de orden
político en la municipalidad de San Vicente del Caguán.
Sin embargo, desde la interrupción de las conversaciones
de paz el 20 de febrero de 2002, en la Oficina de Derechos Humanos
del Defensor del Pueblo de San Vicente se han registrado 17 asesinatos
por motivos políticos, y se han presentado informes sobre
otros 78 casos en las otras cuatro municipalidades de la antigua
zona desmilitarizada. Amnistía Internacional cree que las
cifras reales pueden ser más altas, dado que la jurisdicción
de la policía abarca sólo las áreas urbanas,
y a las entidades humanitarias y de los derechos humanos les resulta
difícil recibir información sobre las áreas
rurales de la antigua zona desmilitarizada.
Entre los innumerables abusos denunciados ante Amnistía
Internacional se incluyen:
· Los militares llevan a cabo inspecciones indiscriminadas
y arbitrarias en los hogares, en algunos casos provocando incluso
saqueos e incendios;
· Las FARC y las fuerzas armadas utilizan edificios escolares
en áreas rurales como puestos para sus combatientes. A
menudo, los niños continúan asistiendo a estas escuelas.
En algunos casos, los soldados han amenazado a los niños
o los han sobornado ofreciéndoles dinero o dulces para
obtener información. Además, las FARC continúan
reclutando niños para sus filas;
· Los soldados acusan a ciertas mujeres de ser amantes
de los guerrilleros. Las mujeres también han sufrido cuando
se llevaron a sus hijos y esposos y los soldados se negaron a
decir cuál era el motivo, o dónde permanecen detenidos;
· Soldados han sido acusados de violar a una menor, que
subsecuentemente se vio obligada a firmar una declaración
en la que decía que no había sido maltratada. Varias
de las víctimas que supuestamente fueron sometidas a torturas
fueron forzadas a firmar documentos similares;
· Participación de las FARC en varios de los asesinatos
selectivos perpetrados en San Vicente del Caguán. Algunos
de los cadáveres tenían colgados unos carteles que
decían: "Así es como les devolvemos a sus agentes
de inteligencia", una advertencia para las fuerzas armadas,
para que no utilizaran informantes;
· La imposibilidad por parte de las fuerzas armadas de
tomar medidas enérgicas contra la profusión de actividades
paramilitares, a pesar de la política establecida por el
gobierno de combatir a estos grupos y a los guerrilleros. Las
fuerzas paramilitares, que anteriormente eran notorias por las
masacres a gran escala, en la actualidad parecen servir principalmente
para amenazar a la población civil y, por lo general, han
optado por no matar más de tres personas por vez, evitando
de este modo que los asesinatos se clasifiquen técnicamente
como "masacres".
"Como si aquellas personas que viven en la antigua zona
desmilitarizada no hubieran sufrido lo suficiente hasta el momento,
se enfrentan a un destino incluso peor ya que el presidente Uribe
ha intensificado las recientes iniciativas de seguridad",
sostiene Eric Olson, Director de Defensa para América de
AIUSA. "El uso de civiles como informantes los coloca directamente
en la línea de fuego y se puede decir que con esto condenan
a estas personas a muerte. Dichas políticas sólo
alientan la persecución y el ultraje de una población
que ya ha sido sometida a torturas, destrucción, desapariciones
y asesinatos."
En un informe de 30 páginas, Amnistía Internacional
realiza una serie de recomendaciones al gobierno de Colombia,
las FARC y la comunidad internacional, incluyendo una exhortación
a la comunidad internacional para que controle de forma activa
la situación de los derechos humanos en la antigua zona
desmilitarizada, y hace un llamamiento al gobierno colombiano
para que tome todas las medidas correspondientes para proteger
a los civiles, incluso reconsiderando el uso de civiles como informantes,
y apelando a las FARC para que permitan que los funcionarios públicos
cumplan con sus obligaciones legales sin que se sientan amenazados.